Mismos actores, misma metodología y mismo resultado: el caos y la decisión de impedir, a como diera lugar, el funcionamiento de las instituciones democráticas.
Lo ocurrido en la Legislatura provincial el jueves fue, en modos y formas, casi un calco de lo ocurrido en el Congreso de la Nación, en la ciudad de Buenos Aires. Casi, como si los manifestantes que coparon la escenografía exterior y los políticos que se sumaron a la teatral puesta de interiores, fueran títeres con hilos manejados por la misma mano.
Gremios, partidos de izquierda, y grupúsculos marginales de la política cuyo único e incomprensible fin es alentar el anarquismo, junto a organizaciones sociales solventadas mayoritariamente con los fondos que les derivan desde el oficialismo. Es decir, protestaban estas últimas contra las políticas del mismo gobierno que les permite sobrevivir.
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